La RAE son los padres

Diccionario-RAE

Mi relación con las reglas de la RAE ha evolucionado de una forma análoga a la de un hijo con sus padres a lo largo de las distintas etapas de la vida.

Cuando era pequeño, escuchaba a mis padres orgulloso, abrumado por su grandeza, sabiduría y experiencia, y aplicaba a rajatabla –o al menos lo intentaba– cada una de las instrucciones que me daban. Tenía en ellos una fe ciega y atacaba con dureza a cualquiera que osara obrar de una manera diferente.

Sin embargo, tras ese periodo de cándida niñez en el que idolatras a tus padres, llega la dura y difícil pubertad: esa etapa en la que niegas todo lo que ellos te dicen sin ni siquiera cuestionártelo. Si viene de tus progenitores, es malo, anticuado, erróneo, retrógrado y estático. Punto. Se rechazan sus normas por pura rebeldía, apoyando a cualquier mentecato que las contradiga. Ellos no entienden, no son capaces de ver la evolución y los cambios que se dan en el mundo. Y si intentan actualizarse, o incluso parecer modernos, es mucho peor porque entonces, encima, te avergüenzan.

Luego llega lentamente la madurez y te das cuenta de que lo que decían tus padres, a veces, tenía mucho sentido. No andaban tan equivocados como pensabas en la adolescencia. Aprendes a cuestionarte sosegadamente sus reglas y a buscar explicaciones que satisfagan tu curiosidad, tus dudas y tus inquietudes. Descubres, entonces, que no erraban siempre y que tampoco eran infalibles –al menos bajo tu criterio–; pero también logras alcanzar la empatía suficiente para comprender la mayoría de sus errores.

Pues eso mismo es lo que me ha pasado con las normas de la RAE. Tras idolatrarlas y defenderlas con fe ciega e intransigencia fanática, pasé a atacarlas de una forma visceral y desordenada. Sin embargo, y para mi fortuna, cuando alcancé la madurez suficiente para aceptar que necesitaba resolver mis dudas con coherencia, tuve la suerte de encontrarme a Ramón Alemán.

Ramón es ese primo mayor, que muchos hemos tenido, que te encauza y te da buenos consejos sin ponerse en plan padre intransigente, que toma lo mejor de los sabios antiguos y modernos, aplicando la norma de una forma razonada y con mucho sentido común. Te lo explica todo a su manera, amena y humilde, siempre con el humor como telón de fondo. Él me hizo descubrir que, además de los de la RAE, existen más criterios válidos. Hay otros «guardianes de la lengua» –así los llama él– que disienten razonada y acertadamente de determinadas normas de la Academia. Hablamos de las obras de María Moliner, Manuel Seco o José Martínez de Sousa, por poner solo tres ejemplos.

He aprendido a respetar a la RAE sin que ello me impida consultar los textos de algunos sabios cuando algo me genera dudas. He descubierto que, en ocasiones, hay varias formas válidas y distintas de hacer las cosas, y ahí es cuando hay que tomar decisiones. Eso sí, una vez tomadas, debes actuar siempre de una forma coherente y ordenada.

Por todo lo anterior, les recomiendo el libro de Ramón Alemán: La duda, el sentido común y otras herramientas para escribir bien. Y también les invito a visitar su web: Lavadora de textos. Para que este buen tipo, que tanto sabe, les aconseje desde su humildad y les ayude a encontrar su camino.

Antonio Flórez Lage

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